Primeros días en Dublín

Llegué a Dublín el jueves pero hasta hace unas horas no he parado. Parece que haya pasado una semana. A continuación algunas de las escenas que vi el viernes durante un viaje en autobús con que nos obsequiaron:

Atención a los colores de las puertas.

La guía nos explicó que la razón de que muchas puertas sean rojas viene de un suceso que ocurrió hace muchos años. Un afortunado irlandés que volvía a casa borracho se equivocó de puerta, se metió en la casa equivocada, se acostó con la mujer equivocada y no se dieron cuenta ninguno de los dos hasta la mañana siguiente. Para evitar que la situación se volviese a repetir la mujer decidió pintar la puerta de rojo para que el hombre, aunque fuese muy borracho, no se volviese a equivocar de puerta.

Una de las cornisas donde el Batman irlandés se apoya por las noches.
Creo que Dublín me va a gustar.
Una de las calles del centro.
Las marcas oscuras en la piedra blanca y marcas en las estatuas que no son muy visibles son impactos de bala de una reyerta que tuvo lugar hace años.
Dentro del Phoenix Park, un parque de 707 hectáreas, inaugurado en 1662 y en el que cabe el Central Park de Nueva York cuatro veces.
Uno de los artistas que pasaban con posturas imposibles bajo una vara ardiente en Grafton Street.
Una Guinness para inkubz, killerpijos Flashk y todo el que le apetezca. De los 3 millones de litros de Guinness producidas al día solo 1 millón se exporta.
Molly Malone, una legendaria mujer vendedora de pescado de día y dama de afecto negociable de noche.

Entre lo de las puertas, Molly y el cuadro de una mujer desnuda que hay en la habitación de mi residencia temporal tengo la impresión de que los irlandeses son gente muy sana.

Una de las calles de Dublín mostrando el pintoresco aspecto de muchos de sus edificios.
¿Harry.. Potter?

Tras el viaje en autobús nos fuimos a tomar algo y al volver a casa pasamos por las oficinas para echar unas fotos:

Parte del grupo que empezamos a trabajar en Google este lunes delante de uno de sus dos edificios.

Entre la gente del grupo completo hay un medio-japonés medio holandés, alemanes, españoles, un portugués, un judío, noruegos, un eslovaco, un indio y un italiano, y cada uno con su historia particular. Ya os contaré qué tal, de momento me toca seguir buscando un piso donde vivir, acostumbrarme a la lluvia y acabar la documentación del proyecto fin de carrera.